Si alguna vez has visto hecho realidad uno de tus sueños, aunque sea en otra persona, lo reconoces a primera vista. Este es mi caso, cuando veo uno de estos hoteles con encanto...
Madremanyá no es un punto evidente del mapa, no es lugar de paso, sino de destino. De destino porque apetece mucho no seguir camino, a pesar de su proximidad con la Costa Brava y Girona ciudad, y hacer unas jornadas en este pueblito medieval que conserva como pocos su trazado original, sus casas en curva y sus arcos de contrafuerte. En este marco de otro tiempo, Iván y Josep han rescatado una gran masía del siglo XVII para crear un encantador hotel. Se ha convertido en jardín cuidadísimo la generosa parcela y construido, en el otro extremo, un ala vanguardista con líneas de hierro corten, espacios acristalados, suites de diseño y baños divertidos.